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Artículo – Adaptación funcional más tecnología de apoyo, ¡YO ME QUEDO EN CASA!

Vivienda vs Residencia

A raíz de la situación provocada por el COVID-19, en la que hemos tenido que observar a nuestros amigos y familiares mayores, confinados, y si me lo permitís atrapados, en residencias, hemos podido constatar que el actual modelo de residencia colectiva está en crisis, planteado el dilema de si, estos equipamientos son los espacios adecuados para que nuestros mayores vivan con la calidad que todos deseamos.

Nada mejor que el propio hogar

En contraposición, sabemos que no hay mejor residencia que el propio hogar, porque nuestra vivienda nos proporciona calor, es el “refugio” donde nos protegemos, es el “parque” donde han crecido nuestros hijos y es el espacio donde, finalmente, cuando nos quedamos solos, nos identifica y nos dota de dignidad, es donde disponemos del confort necesario para sentirnos bien.

Debemos encontrar un equilibrio entre la residencia colectiva: impersonal, sanitaria, mercantilizada, y la vivienda particular: personalizada, doméstica, confortable. Es evidente que el modelo de residencia colectiva resuelve una necesidad de mercado y aporta a las familias aquello que no han podido resolver dentro de los propios hogares. Por tanto, la solución pasará por extraer sus valores, principalmente de seguridad y asistencia, y conseguirlos llevar a los hogares.

Domótica y las nuevas tecnologías

En este nuevo escenario, la tecnología juega el papel básico, que puede permitir que una vivienda se convierta en un entorno seguro, conectado, confortable. Los automatismos aplicados a diferentes elementos de la vivienda y el control de entorno han de complementar el espacio construido, permitiendo que la vivienda sea bastante más que cuatro paredes.

Podemos diferenciar DOS NIVELES DE IMPLEMENTACIÓN TECNOLÓGICA, una primera capa, constructiva-social, que incide en aquellos aspectos que vinculan el uso de la vivienda con el usuario residente, facilitando las tareas cotidianas relacionadas con la movilidad y la usabilidad de los espacios, como son los accionamientos, el control del clima y la iluminación, la mejora del rendimiento de las instalaciones, etc.

Pero este nivel de implementación no es suficiente si queremos que nuestros familiares dependientes estén en casa con plenas garantías de seguridad, (en un sentido amplio de la palabra). Por tanto, cabe plantear una segunda capa de implementación, social-sanitaria, donde se incide en la comunicación entre la vivienda y el exterior, familiares, servicios asistenciales que se necesiten vincular, incluso monitorización, social y sanitaria, de aquellos usuarios con más dependencia, etc.

Marc Fernandez - Arquitecto

 

«Este tipo de actuación sitúa a la persona y sus necesidades en el centro del análisis de su espacio vital, pero sin desubicarlo de su hogar, manteniendo de esta manera su salud física y mental, y por tanto, su dignidad.»