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Artículo – ¿Zapatos que nos aprietan o Viviendas adaptadas?

Zapatos que nos aprietan o viviendas adaptadas

Cuando un zapato nos aprieta y se queda pequeño, no dudamos en comprar otro, al igual que cuando una camisa o chaqueta no se ajusta a nuestros brazos o espalda decidimos que es necesario descoserlas para modificarlas a nuestra medida.

Nuevas Necesidades

En cambio cuando el piso o casa donde vivimos, el espacio que nos identifica y nos protege no se ajusta a nuestras nuevas necesidades, nos cuesta mucho identificar que ya no da respuesta a nuestro nuevo escenario vital y, en vez de afrontar una adaptación que nos permitirá seguir viviendo con el máximo confort, se produce una inversión de la situación en la que somos nosotros los que nos adaptamos al espacio, dejando que los zapatos nos aprieten y que las mangas de la camisa nos vallan muy largas, produciendo progresivamente una pérdida en nuestra calidad de vida.

La vivienda, en muchos casos sinónimo de familia, cobijo, protección, identidad, es aquel espacio que nos acoge durante todas las etapas de nuestra vida, desde la infancia hasta la vejez, dando respuesta, en mejor o peor medida, a cada uno de los diferentes escenarios personales y familiares por los que todos pasamos. Por tanto, permanecer en el propio hogar llega a ser un objetivo básico que garantiza, además de confort, autonomía, independencia y dignidad.

Cambios en nuestras condiciones vitales

Cuando entramos en la tercera edad o sufrimos un cambio brusco en nuestras condiciones vitales, debido a un accidente o una enfermedad sobrevenida, y nuestras necesidades versus el espacio que habitamos se particularizan, necesitamos más que nunca realizar una revisión de este, para liderar una adaptación que responda a nuestra nueva manera de vivir y de usar el espacio en esta etapa.

Haciendo que la vivienda se adapte a cada uno, ponemos el foco en la persona y sus necesidades, configurando espacios que dan respuesta personalizada a las solicitudes planteadas y por lo tanto proporcionan comodidad, seguridad y facilidad de uso, incidiendo directamente en la calidad de vida de quien los habitan, en su estado anímico, en el de su círculo cercano, mejorando su salud y de rebote, incluso, produciendo un impacto de reducción del gasto sanitario a largo plazo. Además, sin duda estamos mejorando la calidad espacial de nuestras viviendas a futuro.